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Archive for the ‘General (PDI, PAS y estudiantes)’ Category

1º de Mayo: Recuperemos Derechos y Libertades

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Otro 1 de Mayo con la clase trabajadora atrapada en la espiral de desposesión de derechos y libertades a la que nos han conducido estos gobiernos vasallos de la Troika (U€, FMI y BCE)  y sus aliados, con el pretexto de una crisis que no es más que una estafa social de grandes proporciones.

Mientras la corrupción política, judicial y empresarial campa a sus anchas, evidenciando con claridad el saqueo a las arcas públicas que han llevado a cabo, la falta de garantías judiciales para las personas más necesitadas y la connivencia delictiva entre poderes públicos que debieran ser independientes, la clase trabajadora se debate entre la desesperación de no poder desarrollar proyectos de vida dignos y la mayor precariedad de las condiciones laborales y sociales, donde la pobreza y la desigualdad se extiende en cada vez mayores capas de la sociedad.

Las cifras de personas desempleadas, sobre todo jóvenes y mujeres, siguen siendo inaceptables, la gran mayoría de los nuevos contratos son temporales, con salarios de miseria y condiciones laborales del siglo diecinueve y los ERE son la única salida que encuentra la reaccionaria clase empresarial que sufrimos en este estado.

Los “agentes sociales del régimen” tratando de salir de su “escondite” de años, con el único afán de volver a traicionar a la clase que dicen representar y firmar otro Pacto Social con el gobierno y la patronal que nos recorte aún más nuestros salarios y derechos. Además de volver a “retocar” el Pacto de Toledo, para recortar aún más las ya precarias Pensiones Públicas.

Las ilusorias aspiraciones sobre el llamado “asalto a las instituciones” no han sido más que un doloroso espejismo, quedando claro que la lucha en la calle, gobierne quien gobierne, es la única vía para conseguir recuperar los derechos y las libertades que nos han quitado, para llevar a cabo transformaciones sociales y para defender lo que es patrimonio de la colectividad, es decir “lo Público, lo Común”, los Servicios Públicos como derechos esenciales de todas las personas.

La CGT llama este 1 de Mayo a todas las personas, organizaciones y colectivos sociales, a las personas migrantes, a las pensionistas, a las estudiantes, a las mujeres, a las desahuciadas de sus casas y de sus empleos, a las represaliadas por luchar, a la clase trabajadora en general, a Manifestarse desde la dignidad de clase para ejercer el derecho a la protesta que pretenden eliminar, a través de Sentencias condenatorias para quienes luchan y Sentencias del máximo tribunal español (el Tribunal Supremo), que legalizan el esquirolaje empresarial cuando las personas trabajadoras convocan Huelgas para defenderse de las agresiones empresariales.

Exigiremos en este 1 de Mayo:

  • La derogación de las dos últimas Reformas Laborales
  • La derogación de las leyes Mordaza y la Amnistía Social para todas las personas encarceladas, encausadas, despedidas de sus empleos o multadas por luchar.
  • La Renta Básica como garantía de supervivencia
  • El No rotundo al pago de la Deuda ilegítima.
  • Los Servicios Públicos como Derechos Esenciales de las personas
  • Empleos estables con salarios y condiciones dignas.

El 1 de Mayo la CGT estará en las calles, en confluencia con los movimientos sociales y colectivos en lucha o con sus propias energías y gentes, reivindicando un cambio de modelo social basado en el reparto de la riqueza, el apoyo mutuo, la igualdad y la autogestión.

Bailemos juntas nuestra revolución

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Contra la privatización en la uc3m

21 noviembre 2016 Deja un comentario

La Sección Sindical CGT de la Universidad Carlos III de Madrid denunciamos el inicio de la privatización de sus Servicios Administrativos por parte del Rector Juan Romo Urroz y del Gerente Juan Manuel Moreno Álvarez.

El personal de las conserjerías manifiesta estar siendo convocado por separado a pequeñas reuniones en que se les prometen verbalmente mejoras de sus condiciones de trabajo a cambio de abandonar sus puestos en las conserjerías. El objetivo es liberar estas plazas para externalizar estas funciones con una empresa y por tanto, mediante esta “externalización” (privatización) precarizar las condiciones laborales de quienes desempeñen estas funciones. ¿Cuál será el siguiente servicio?

Estos movimientos recuerdan a los muy agresivos intentos llevados a cabo en su día por la Comunidad de Madrid para lo que denominaban la “privatización de la gestión” de hospitales y centros de salud madrileños.

Desde los inicios del proyecto de Universidad Carlos III de Madrid (en 1989) el personal de las conserjerías ha venido desempeñando de modo ejemplar y en primera línea de fuego las funciones variadas (y desreguladas) del primer contacto con los miembros de la comunidad universitaria (alumnado, profesorado, personal de administración y servicios) pero también con  la ciudadanía que quiere conocer de primera mano el significado socio-cultural  de una universidad pública que financian con sus impuestos. Sin acceso a planes formativos adecuados, precarizados en medios técnicos y desmerecidos salarialmente, el Rector y Gerente de la Universidad los convierten ahora en objetivo preferente de los ataques neoliberales a la educación pública superior y en la que estos directivos actúan como correa de transmisión, mientras alardean de absurdos posicionamientos en rankings de excelencia que no conducen más que a la liquidación de la enseñanza pública superior como un auténtico servicio público orientado a la mejora de la calidad democrática de los ciudadanos, la formación crítica e integral de su estudiantado y la contribución a un conocimiento que permita una sociedad más libre y autónoma.

¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

18 septiembre 2015 Deja un comentario

David Graeber*

Esta es una pregunta oportuna porque, como filosofía política, el anarquismo está creciendo rápidamente en la actualidad.

Los anarquistas o los movimientos de inspiración anarquista están surgiendo por todas partes; los principios tradicionales anarquistas –autonomía, asociación voluntaria, auto-organización, ayuda mutua, democracia directa- se encuentran desde las bases organizativas del movimiento contra la globalización, hasta en cualquiera de los movimientos radicales de cualquier lugar. Los revolucionarios de México, Argentina, India y otras partes cada vez más han ido abandonado el pronunciarse a favor de la toma del poder y han comenzado a formular ideas radicalmente diferentes acerca de lo que significa una revolución. Es cierto que en realidad la mayoría son reacios a adoptar la denominación de “anarquista”. Pero como Bárbara Epstein ha observado recientemente, el anarquismo ya ha ocupado largamente el lugar que el marxismo tenía en los movimientos sociales de los ’60: incluso aquellos que no se consideran anarquistas sienten que tienen que definirse en relación al mismo e inspirarse en sus ideas.

Casi nada de esto se ha visto reflejado en las universidades. La mayoría de los académicos pareciera que no tienen la más mínima idea acerca de lo que es el anarquismo o lo desechan apelando a groseros estereotipos: “¡organizaciones anarquistas! ¿Pero no es eso un contrasentido?” En los Estados Unidos existen algunos millares de académicos que se asumen como marxistas de una u otra especie, aunque existe apenas una docena de estudiosos dispuestos a denominarse abiertamente como anarquistas.

¿Encontraremos algunos académicos anarquistas si revolvemos un poco más? Es posible, y quizás en pocos años la academia esté atestada de anarquistas, aunque no guardo mi aliento. Parece ser que el marxismo tiene cierta afinidad con la academia que el anarquismo nunca tendrá. El marxismo fue, después de todo, el único gran movimiento social que fue inventado por un académico, aunque luego devino en un movimiento con el propósito de integrarse a la clase obrera.
La mayoría de los relatos sobre la historia del anarquismo presuponen una similitud con el marxismo: el anarquismo es presentado como la invención de ciertos pensadores decimonónicos –Proudhon, Bakunin, Kropotkin, etc.- que estaba dirigido a inspirar a las organizaciones de la clase obrera, se vio envuelto en luchas políticas, se dividió en corrientes… El anarquismo, según las versiones estandarizadas, habitualmente figura como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco torpe pero compensado ideológicamente, quizás, con pasión y sinceridad. Aunque, de hecho, la analogía es forzada en el mejor de los casos. Las “figuras fundadoras” del siglo XIX no se imaginaban a sí mismos como inventores de algo particularmente nuevo. Los principios básicos del anarquismo –autoorganización, asociación voluntaria, ayuda mutua- se referían a formas de comportamiento humano que ellos suponían habían estado presentes a lo largo de la historia humana. Lo mismo corre para el rechazo del Estado y de todas las formas de violencia estructural, desigualdad o dominación -anarquismo literalmente significa “sin gobernantes”-, y para la hipótesis de que todas estas formas están relacionadas de alguna manera y se refuerzan entre sí. Nada de esto fue presentado como el comienzo de una nueva doctrina. Y efectivamente no lo fue: se puede encontrar constancia de personas proponiendo argumentos similares a través de la historia y -a pesar del hecho de que en la mayoría de las épocas y lugares había razones para creer en ello- que tales opiniones eran las menos probables de resultar escritas. Estamos refiriéndonos menos a un cuerpo de teoría, entonces, que a una determinada actitud o, quizás podríamos decir, una fe: el rechazo de ciertos tipos de relaciones sociales, la confianza de que otros tipos de relaciones serían mucho mejores para construir una sociedad digna, la creencia de que tal sociedad podría existir realmente.

Si además se comparan las escuelas históricas del marxismo y del anarquismo es posible observar que estamos tratando tipos de proyectos fundamentalmente diferentes. Las escuelas marxistas tienen autores. Así como el marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos también leninistas, maoístas, trotskistas, gramscianos, althusserianos… (Es de remarcar como la lista comienza con jefes de estado y se diversifica en profesores franceses). Pierre Bourdieu alguna vez observó que, si el mundo académico fuese como un juego en el cual los eruditos se esfuerzan por convertirse en dominantes, entonces se podría saber quien ha sido el ganador cuando los otros estudiosos se las ingenian para componer un adjetivo a partir de su nombre. Es para preservar la posibilidad de ganar el juego, que los intelectuales insisten en continuar empleando en sus discusiones las teorías sobre de la Historia de una especie de Gran Hombre, de las que se mofarían en cualquier otro contexto. Las ideas de Foucault, como las de Trotsky, ante todo nunca son tratadas como los productos de cierto ambiente intelectual, como algo que emergió de interminables conversaciones y discusiones involucrando a cientos de personas, sino que siempre se las expone como si hubieran surgido del genio de un único hombre (o muy ocasionalmente, de una mujer).

Ahora bien, consideremos las diferentes escuelas del anarquismo. Tenemos anarcosindicalistas, anarco comunistas, insurreccionalistas, cooperativistas, individualistas, plataformistas. Ninguno es denominado en referencia a un Gran Pensador; en cambio, son denominados invariablemente por algún tipo de práctica, o la mayoría de las veces, por sus principios organizativos. (Es significativo que las tendencias marxistas que no son denominadas en referencia a un individuo, como las autonomistas o comunistas consejistas, son aquellas que se encuentran más cercanas al anarquismo). Los anarquistas prefieren distinguirse entre sí por lo que hacen y por cómo se organizan para hacer lo que hacen. Y efectivamente, esto ha sido siempre aquello a lo que los anarquistas le han dedicado a pensar y discutir la mayor parte de su tiempo. Los anarquistas nunca han estado demasiado interesados en el tipo de estrategia general a seguir o en las cuestiones filosóficas que históricamente han preocupado a los marxistas como: ¿son los campesinos una clase potencialmente revolucionaria? (los anarquistas consideran que esto es algo que corresponde decidir a los propios campesinos). ¿Cuál es la naturaleza de los bienes materiales? Los anarquistas tienden más bien a discutir sobre cuál es la forma verdaderamente democrática de organizar una asamblea, y en qué punto una organización deja de ser un instrumento de toda la gente y comienza a pisotear las libertades individuales. O también, sobre la ética de las formas de oponerse al poder: ¿qué es una acción directa?, ¿es necesario (o correcto) condenar públicamente a aquellos que atenten contra un jefe de Estado? ¿Puede el asesinato, especialmente cuando previene un desastre terrible como la guerra, ser un acto moral? ¿Cuándo está bien apedrear una ventana?

Entonces, para resumir:

1- El marxismo ha tendido a ser un discurso analítico o teórico acerca de la estrategia revolucionaria.
2- El anarquismo ha tendido a ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria.

No es precisamente que el anarquismo no vaya a hacer ningún uso de la alta teoría. Mejor sería decir, que está principalmente interesado por las formas de práctica, insistiendo antes que nada que los fines deben ser acordes con los medios, que no se puede generar libertad por medios autoritarios, y de hecho uno mismo, en lo que fuere posible en sus relaciones con amigos y compañeros, debe encarnar la sociedad que aspira a crear. Todo esto no cuadra demasiado bien con trabajar dentro de una universidad, quizás la única institución de Occidente aparte de la Iglesia Católica y la monarquía británica que han sobrevivido casi sin variaciones desde la Edad Media, realizando sus contiendas intelectuales en conferencias de auditorios de hoteles lujosos y fingiendo de algún modo como si todo fuera por la revolución.

Esto no significa que la teoría anarquista sea imposible

Todo esto no quiere decir que el anarquismo tenga que estar contra la teoría. Después de todo, el anarquismo es en sí mismo una idea, y una muy antigua, además. También es un proyecto que propone comenzar creando las instituciones de la nueva sociedad “dentro del cascarón de la vieja”, para desenmascarar, subvertir y socavar las estructuras de dominación, aunque siempre -mientras esto se realiza- actuando de formas democráticas que demuestren por sí mismas que esas estructuras son innecesarias. Es claro que tal proyecto tiene la necesidad de herramientas de análisis intelectual y de comprensión. Podría no ser necesario un Gran Ideario, en el sentido que hoy nos es familiar. Por cierto, el anarquismo no utilizará una única teoría, la Gran Doctrina del Anarquismo, algo que sería completamente contrario a su espíritu. En cambio, pensamos más en el espíritu de los procesos anarquistas de toma de decisiones en general, desde pequeños grupos de afinidad hasta los enormes consejos asamblearios integrado por miles de personas. La mayoría de los colectivos anarquistas operan por un procedimiento de consenso que ha sido desarrollado de varias formas para ser el exacto opuesto del voto a mano alzada, un método divisionista y sectario muy común entre otros grupos revolucionarios. Aplicado a lo teórico, esto significaría aceptar la necesidad de una diversidad de amplias perspectivas teóricas, unidas solamente por ciertos compromisos y premisas compartidas. En un proceso de consenso cada uno acuerda de entrada sobre ciertos principios generales de unidad y que son asumidos como beneficiosos para la fortaleza del grupo.

Pero más allá de esto, la hipótesis operante es que nadie puede realmente convertir a otro completamente a su punto de vista, (y probablemente siquiera debiera intentarlo) y entonces los debates deberían enfocarse en cuestiones concretas de acción, para surgir finalmente con una propuesta con la que todos puedan convivir y nadie sienta que se viola alguno de los principios básicos del colectivo.
Aquí puede observarse un paralelo: una serie de perspectivas diversas, unidas por el deseo compartido de entender la condición humana, direccionadas hacia una mayor libertad. Más que basarse en la necesidad de probar que las suposiciones fundamentales de los demás están equivocadas, busca encontrar proyectos particulares sobre los cuales reforzarse unos a otros. Sólo porque las teorías sean inconmensurables en ciertos aspectos, no significa que no puedan existir o incluso reforzarse las unas a otras, de la misma manera que individuos que tienen únicas e inconmensurables opiniones sobre el mundo no quiere decir que no puedan ser amigos, amantes o trabajar en proyectos comunes.

Más que un Gran Ideario, lo que el anarquismo necesita es lo que podría llamarse una Base de Ideas: una forma de resolver las cuestiones inmediatas que surgen de un proyecto transformador. La mayor parte de la ciencia social no nos ayuda mucho realmente en esto, ya que normalmente en las corrientes principales de las ciencias sociales esta clase de cosas son generalmente clasificadas como “contenidos políticos” y ningún anarquista que se precie tendría nada que ver con esto.

La noción de “política” presupone un estado o un aparato de gobierno que impone su voluntad sobre los demás. La “gestión política” es la negación de los “ideales políticos”, la política es por definición algo creado por alguna forma de elite, la que supone que conoce mejor que los demás como deben conducirse los asuntos públicos. Participando en los debates de la gestión política lo máximo que puede alguien hacer es poner algún límite al perjuicio que ocasiona la política misma, desde el momento en que su principal premisa es contraria a la idea de que la gente administre sus propios asuntos.

Entonces, nos formulamos la pregunta: ¿qué clase de teoría social sería realmente de interés para aquellos que estamos tratando de alcanzar un mundo en el cual el pueblo sea libre para conducir sus propios intereses?

Para empezar, diría que esa teoría habría de comenzar con algunas hipótesis. Primero, habría que partir de la suposición de que, como dice una canción popular brasileña, “otro mundo es posible”. Que instituciones como el Estado, el capitalismo, el racismo y la supremacía masculina no son inevitables, que sería posible tener un mundo en el cual ninguna de esas cosas existiese y que como resultado estaríamos todos mucho mejor.

Claro que aquí tenemos que lidiar con la inevitable objeción: que los utopismos han llevado a inmitigados horrores como el estalinismo, el maoísmo y otros idealismos que tratan de cincelar la sociedad dentro de moldes imposibles, asesinando a millones durante el proceso.

Este argumento esconde una falaz concepción: que imaginar mundos mejores sea en sí mismo el problema. Los estalinistas y todos los de su calaña no asesinaban tratando de hacer realidad grandes sueños –en verdad los estalinistas eran famosos por su escasa imaginación- sino que lo hicieron porque confundieron sus sueños con certezas científicas. Esto los llevó también a creer que tenían el derecho de imponer sus visiones por medio de la maquinaria de la violencia. Los anarquistas no proponen nada por el estilo, sino que piensan que el curso de la historia no es inevitable y que nunca se podrá alcanzar la libertad creando nuevas formas de coerción.

La segunda proposición, diría, es que cualquier teoría social anarquista debería rechazar conscientemente cualquier traza de vanguardismo. El rol de los intelectuales definitivamente no es conformar una elite que pueda arribar a correctos análisis estratégicos y que entonces lleven a las masas a seguirlos. ¿Pero si no es eso, entonces, qué? Un rol obvio para los intelectuales revolucionarios es precisamente mirar hacia aquellos que están creando alternativas viables y tratar de explicar cuál podría ser la importancia de las implicaciones de su accionar, y entonces aportar las ideas, ya no como prescripciones sino como contribuciones, posibilidades. Como una ofrenda personal.

* Antropólogo anarquista, miembro de la IWW, profesor de la Universidad de Yale, con la cual tuvo un agrio conflicto laboral en 2005, por lo que se llevó a cabo una campaña de solidaridad internacional. Actualmente enseña en el Goldsmith Collage, Universidad de Londres.

Científicos burócratas. (por David Graeber)

Internet es una notable innovación, pero solo estamos hablando de una combinación super-rápida y mundialmente accesible de los conceptos de biblioteca, oficina de correos y catálogo de pedidos por correo. Si alguien le hubiese descrito internet a un aficionado a la ciencia ficción de los años cincuenta y sesenta, y se la hubiese vendido como el logro tecnológico más importante desde aquella época, su reacción habría sido de decepción. Cincuenta años, ¿y eso es lo mejor que han logrado nuestros científicos? ¡Esperábamos computadores que pudieran pensar!

En general, la financiación de investigaciones ha aumentado de forma dramática desde los años setenta. Ciertamente, el porcentaje de esa financiación que proviene del sector corporativo ha crecido de manera todavía más dramática, hasta el punto de que la empresa privada financia ahora dos veces más proyectos de investigación que el gobierno. No obstante, el crecimiento es tan grande que la cifra total de dinero invertido por el Estado en investigación, en términos reales, es mucho más alta que en los años sesenta. La investigación “básica”, “guiada por la curiosidad” o “pura”, lo que se conoce en inglés como “blue skies research” y que designa aquella clase de investigación que no está guiada por el deseo de ninguna aplicación práctica inmediata y que tiene más probabilidades de llevar a descubrimientos inesperados, ocupa una proporción cada vez más pequeña del total. Hoy día es tanto el dinero que se invierte en investigación que, en general, los niveles de financiación de la investigación básica también han aumentado.

Sin embargo, la mayoría de los observadores coinciden en que los resultados han sido más bien exiguos. Para empezar, ya no vemos nada parecido a aquella corriente continua de revoluciones conceptuales –herencia genética, relatividad, psicoanálisis, mecánica cuántica– que la gente se acostumbró a presenciar, e incluso llegó a esperar, hace cien años. ¿Por qué?

Parte de la respuesta tiene que ver con la concentración de recursos en un puñado de proyectos gigantes: la “megaciencia”, como se le ha llamado. El Proyecto Genoma Humano suele proponerse como un ejemplo de esto. Después de gastar casi 3.000 millones de dólares y emplear a miles de científicos y personal de apoyo en cinco países distintos, básicamente ha servido para establecer que no es mucho lo que se puede aprender de la secuenciación de los genes que resulte de especial utilidad para alguien. Más aún, el furor publicitario y la inversión política que rodean a estos proyectos demuestran el grado hasta el cual incluso la investigación básica parece ahora guiada por imperativos políticos, administrativos y de mercado, que hacen poco probable que suceda algo revolucionario.

En esto, nuestra fascinación con los míticos orígenes de Silicon Valley y la internet nos ha cegado para ver lo que realmente está ocurriendo. Nos ha permitido imaginar que ahora la investigación y el desarrollo se encuentran impulsados, principalmente, por pequeños equipos de intrépidos emprendedores o por esa clase de cooperación descentralizada que crea software de código abierto. Pero no es así, aunque esos equipos de investigación tienen más posibilidades de producir resultados. La investigación y el desarrollo siguen la batuta de los grandes proyectos burocráticos.

Lo que ha cambiado es la cultura burocrática. La creciente interpenetración entre el gobierno, la universidad y las compañías privadas ha llevado a todo el mundo a adoptar el lenguaje, las sensibilidades y las formas organizacionales que se originaron en el mundo corporativo. Aunque esto puede haber ayudado a la creación de productos mercadeables, debido a que eso es lo que se supone que deben hacer las burocracias corporativas, en términos de fomentar la investigación original, los resultados han sido catastróficos.

Mi conocimiento proviene de las universidades, tanto norteamericanas como inglesas. En los dos países, los últimos treinta años han visto una verdadera explosión de la proporción de horas de trabajo dedicadas a tareas administrativas, a costa de prácticamente todo lo demás. En mi propia universidad, por ejemplo, tenemos más administradores que profesores y se espera que los profesores, también, dediquen a tareas administrativas al menos la misma cantidad de tiempo que dedican a la enseñanza y la investigación. Lo mismo ocurre, más o menos, en las universidades de todo el mundo.

El crecimiento del trabajo administrativo ha sido un resultado directo de la introducción de técnicas de gestión corporativas. De manera invariable, estas se justifican como formas de aumentar la eficiencia e impulsar la competencia a todo nivel. Pero lo que finalmente producen estas técnicas en la práctica es que todo el mundo termine por pasar la mayor parte del tiempo tratando de vender cosas: propuestas para becas o subvenciones, propuestas para libros, evaluaciones sobre los empleos estudiantiles y la solicitud de apoyos financieros, evaluaciones de nuestros colegas, prospectos para nuevos programas interdisciplinarios, institutos, talleres, incluso universidades (que ahora se han vuelto marcas que se mercadean entre los potenciales estudiantes y donantes) y así sucesivamente.

Mientras el mercadeo copa toda la vida universitaria, genera documentos acerca de cómo fomentar la imaginación y la creatividad que bien pudieran haber sido diseñados para estrangular la imaginación y la creatividad desde la cuna. En los últimos treinta años no ha surgido en Estados Unidos un solo trabajo de teoría social nuevo e importante. Nuestro papel se ha visto reducido al equivalente del que desempeñaban los académicos medievales: escribir infinitas anotaciones sobre la teoría francesa de los setenta, a pesar de ser conscientes de que si hoy día surgieran en la academia nuevas encarnaciones de Gilles Deleuze, Michel Foucault o Pierre Bourdieu, no les concederíamos una posición de profesor titular.

Hubo una época en que la academia era el refugio para los excéntricos y la gente más brillante pero menos práctica de la sociedad. Pero ya no es así. Ahora es el dominio de los profesionales del automercadeo. Como resultado de ello, en uno de los ataques de autodestrucción social más extraños de la historia, parece que hemos decidido que ya no tenemos espacio para nuestros ciudadanos excéntricos, brillantes y utópicos. La mayoría languidece en los sótanos de las casas de sus madres, haciendo, en el mejor de los casos, intervenciones agudas pero ocasionales en internet.

Si todo esto es cierto en las ciencias sociales, donde la investigación todavía se realiza con una inversión mínima financiada principalmente por individuos, ya nos podemos imaginar cuánto peor será la situación para los astrofísicos. Y, de hecho, un astrofísico, Jonathan Katz, advirtió recientemente a los estudiantes que estaban considerando la posibilidad de seguir una carrera en las ciencias que, aun si lograban salir del período usual de languidecimiento, que dura por lo general una década, convertidos en los lacayos de alguien más, podían estar seguros de que sus mejores ideas tendrían que enfrentar obstáculos a cada paso:

Pasarás tu tiempo escribiendo propuestas en lugar de hacer investigación. Peor aún, porque como tus propuestas serán juzgadas por tu competencia, no podrás seguir tu curiosidad sino que tendrás que dedicar todo tu esfuerzo y talento a tratar de anticipar y desviar las críticas, en lugar de dedicarte a resolver problemas científicos importantes… Es proverbial el hecho de que las ideas originales son el beso de la muerte para cualquier propuesta, en la medida en que todavía no se ha demostrado que funcionan.

Esto responde en buena medida la pregunta acerca de por qué no tenemos aparatos de teleportación ni zapatos antigravedad. El sentido común sugiere que, si queremos maximizar la creatividad científica, busquemos unas cuantas personas brillantes, les concedamos los recursos que necesitan para seguir cualquier idea que se les ocurra y las dejemos trabajar en paz. La mayoría no saldrán con nada, pero es posible que una o dos descubran algo. Pero si queremos minimizar la posibilidad de hacer hallazgos inesperados, lo que hay que hacer es decirles a esas mismas personas que no recibirán ningún recurso, a menos que pasen la mayor parte de su tiempo compitiendo una contra otra para convencernos de que saben con anticipación qué es lo que van a descubrir.

En las ciencias naturales, a la tiranía de la tendencia a incorporar prácticas del sector empresarial podemos añadirle la privatización de los resultados de la investigación. Tal como nos lo ha recordado el economista británico David Harvie, la “investigación de código abierto” no es nueva. La investigación académica siempre ha sido de código abierto en el sentido de que los estudiosos comparten materiales y resultados. Ciertamente hay competencia entre ellos, pero es una competencia “amable”. Sin embargo, esto ya no es cierto para los científicos que trabajan en el sector corporativo, donde los hallazgos son celosamente custodiados. La difusión del ethos corporativo dentro de la academia y los institutos de investigación mismos ha causado que incluso estudiosos cuyas investigaciones son financiadas con fondos públicos traten sus hallazgos como propiedad personal. Los editores académicos se aseguran de que los hallazgos publicados sean cada vez más difíciles de acceder, aislando de esta manera aún más los bienes intelectuales. Como resultado, la competencia amable y abierta se convierte en algo mucho más parecido a la competencia de mercados clásica.

Hay múltiples formas de privatización, que pueden llegar incluso hasta la simple compra y supresión de los descubrimientos inconvenientes por parte de grandes corporaciones temerosas de sus efectos económicos. (No podemos saber, por ejemplo, cuántas fórmulas de combustible sintético han sido compradas y guardadas en las bóvedas de seguridad de las petroleras, pero es difícil imaginar que no sucedan cosas así). Más sutil es la manera en que el ethos corporativo desalienta todo lo que sea aventurero o poco convencional, en especial si no hay un prospecto según el cual se obtengan resultados inmediatos. Curiosamente, internet puede ser parte del problema, tal como lo planteó Neal Stephenson:

La mayor parte de la gente que trabaja en corporaciones o en la academia ha sido testigo de algo similar a lo siguiente: un grupo de ingenieros está sentados en una oficina, intercambiando ideas. A partir de la discusión surge un nuevo concepto que parece prometedor. Entonces aparece una persona que está sentada en un rincón detrás de un computador y que, después de haber hecho una búsqueda rápida en Google, anuncia que esta “nueva” idea es, en realidad, una idea vieja; esa misma idea, o por lo menos algo vagamente parecido, ya fue puesto a prueba. Hay dos posibilidades: que haya fallado o haya tenido éxito. Si falló, entonces ningún administrador que quiera conservar su empleo aprobará que se gaste ni un peso tratando de revivirla. Si tuvo éxito, entonces está patentada y se supone que resultará imposible entrar al mercado, pues las primeras personas que pensaron en eso seguramente contarán con la ventaja de ser pioneras y habrán creado “barreras para la entrada al mercado”. La cantidad de ideas aparentemente prometedoras que han sido aniquiladas de esta manera debe alcanzar varios millones.

Y así un espíritu tímido y burocrático baña cada aspecto de la vida cultural. Un espíritu engalanado con un lenguaje de creatividad, iniciativa y emprendimiento. Pero el lenguaje no significa nada. Los pensadores con más posibilidades de hacer un descubrimiento conceptual son los que menos posibilidades tienen de recibir financiación y, si se produce algún hallazgo, no cuentan con muchas posibilidades de encontrar a alguien dispuesto a seguir adelante hasta desarrollar las implicaciones más atrevidas.

Giovanni Arrighi ha resaltado que, después de la llamada “burbuja de los Mares del Sur”, el capitalismo británico abandonó en gran medida la forma corporativa. Cuando llegó la revolución industrial, Gran Bretaña prefirió apoyarse, en cambio, en una combinación de finanzas de alto nivel y pequeñas compañías familiares, un modelo que mantuvo a lo largo del siguiente siglo, el período de máxima innovación científica y tecnológica. (En esa época, Gran Bretaña también era famosa por ser tan generosa con sus excéntricos y bichos raros, como son famosos los Estados Unidos de hoy por su intolerancia. Un recurso corriente era permitirles volverse pastores de la Iglesia en el campo, pastores que, predeciblemente, se convertían en una de las principales fuentes de descubrimientos científicos aficionados.)

El capitalismo corporativo y burocrático contemporáneo no fue una creación de Gran Bretaña sino de Estados Unidos y de Alemania, los dos poderes rivales que pasaron la primera mitad del siglo xx peleando en dos sangrientas guerras para decidir quién reemplazaría a Gran Bretaña como poder mundial dominante; guerras que culminaron, como era de esperarse, en programas científicos auspiciados por el gobierno para ver quién sería el primero en descubrir la bomba atómica. Por eso es significativo que nuestro actual estancamiento tecnológico parezca haber comenzado después de 1945, cuando Estados Unidos reemplazó a Gran Bretaña como organizador de la economía mundial.

A los norteamericanos no nos gusta la idea de ser una nación de burócratas, muy por el contrario; pero, tan pronto como dejamos de imaginar la burocracia como un fenómeno limitado a las oficinas gubernamentales, se vuelve obvio que eso es precisamente en lo que nos hemos convertido. La última victoria sobre la Unión Soviética no condujo al dominio del mercado sino que, de hecho, cimentó el dominio de las élites gerenciales conservadoras, burócratas corporativos que utilizan el pretexto del pensamiento de corto plazo, competitivo y centrado en el balance, para acabar con cualquier cosa que pueda tener implicaciones revolucionarias de cualquier tipo.

[Tomado de http://www.elmalpensante.com/articulo/3081/cientificos_burocratas.]

Agradecimiento y despedida.

3 diciembre 2014 2 comentarios

Queridas compañeras y compPanrico_manosañeros:

Como sabéis la candidatura a la Junta de PAS de nuestra Sección Sindical CGT ha sido la ganadora en las dos últimas elecciones (2010 y 2006) que fueron, además, las únicas en las que hemos participado.

Queremos informaros de que no presentamos ninguna candidatura para las elecciones que se celebran mañana jueves.

Han sido ocho años durante los cuales con vuestro apoyo indispensable hemos intentado aportar diversidad, consolidar el registro escrito del funcionamiento del órgano y su difusión en actas y comunicados, al mismo tiempo que dar un carácter más incisivo a las negociaciones con el amplio y extravagante repertorio de interlocutores (Gerentes, Vicegerentas y Directoras de RRHH y demás intermediarios/as) que han desfilado ante nuestra mirada a veces irritada, a veces apenada y siempre atónita.

No hemos sido más que un grupo de trabajadoras y trabajadores como cualquiera de vosotros/as, ajenos al mundo de las liberaciones vitalicias, los teléfonos corporativos y las subvenciones (sólo la hemos usado dos de los 8 años posibles), que decidimos un día montar una candidatura porque no nos gustaba lo que veíamos en nuestro deteriorado entorno laboral.

Vuestra respuesta en las movilizaciones ha sido extraordinaria y ha hecho temblar, literalmente, a los dirigentes de la universidad, colaboradores necesarios en este ataque feroz que la enseñanza pública sufre y continuará sufriendo. Nuestra Sección Sindical sigue abierta y os invitamos a seguirnos en nuestros canales de comunicación en las redes sociales.

Contáis con nuestra gratitud. Seguimos en la lucha.

Twitter: https://twitter.com/CGTUC3M

Facebook: https://es-es.facebook.com/seccionsindical.cgt

REFLEXIONES PARA EL GERENTE

17 septiembre 2013 5 comentarios

recortesUnas pocas reflexiones, en relación al correo de Juan Manuel Moreno, para que nadie se deje engañar:

En resumen, nos viene diciendo que se recorta por imperativos legales externos y que él, lejos de tener responsabilidad alguna en el mal funcionamiento de esta organización, lucha, al parecer encarnizadamente, por defender los derechos laborales de todos.

El plan de reequilibrio presupuestario que le han hecho sus colaboradores, no es más que una muestra de lo tocable y lo intocable, y lo intocable no son los puestos de trabajo, como el gerente nos intenta vender, lo intocable, aquello que no se recorta, como todos sabemos, es otra cosa.

La detracción del presupuesto de acción social y de formación es un ataque del Gerente y sólo del Gerente a los trabajadores. Punto. ¿Por qué no se pone fin a la fiesta de los móviles corporativos que no cesa en este casa desde los noventa? ¿Por qué no se elimina a los jefes de servicio inoperantes y a los cargos vitalicios? ¿Nos habla de ahorro en una organización nada menos que con 25 cargos de vicerrectores y adjuntos? Parece una broma de mal gusto.

De lo  que se trata finalmente es de dejarnos claro que él, como gerente, no tiene responsabilidad personal alguna sobre lo que pasa, sobre su desastrosa gestión, en especial de los recursos humanos, y sobre la deriva bien conocida de los servicios administrativos. Ahí hay costes descomunales que su plan no recorta. Eso es lo intocable, la camarilla.

La única herramienta de ahorro, querido gerente, se llama planificación estratégica de los recursos humanos, eso que usted no ha hecho ni hará nunca. No necesitamos, por tanto, señor Moreno, sus palabras toscas y paternalistas, ni que nos desee felices vacaciones, como un amiguete, eso es muy poco profesional. Lo que esta organización necesita es su dimisión y que su cargo sea ocupado por alguien que sepa hacer su trabajo con compromiso y desde una perspectiva real de la defensa de la educación pública superior. Una música que Vd. y su jefe, Daniel Peña, no tocan ni de oído.

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