La universidad al desnudo: Lectura de unas elecciones a Rector.
Las campañas electorales en general no son los mejores momentos para la democracia, y en el caso de las elecciones a Rector en nuestra Universidad ha seguido una progresión degenerativa que ha ido poniendo poco a poco al desnudo la verdadera naturaleza de la organización, en cuanto a la articulación de sus grupos de poder, los intereses de los diferentes lobbies y esa ponderación del voto que recuerda los viejos modelos censitarios de la época de la Restauración a finales del siglo XIX .
Programas, modelos de universidad u otros contenidos se han ido desvaneciendo barridos por retóricas personalistas, corporativas, de partido o de interés grupal, tribales al fin, es decir el auténtico esqueleto real de la articulación interna de la UC3M.
Un ejemplo sintomático y espeluznante: ¿Qué hemos mostrado a la sociedad en estos días? ¿Acaso un modelo edificante en que la ciudadanía pueda mirarse? Más bien lo contrario: Un exrector (Peces Barba) y un candidato (Peña) intercambiando ataques obviamente personales en un medio de comunicación masivo como el diario EL PAIS. Sí, esa pesadísima historia de una Universidad, obsesivamente percibida como propia- en el sentido de propiedad privada- por su primer Rector –impulso y lastre- y su extenso círculo de influencia.
Y esto, paradójicamente en medio de vacías palabras acerca de la responsabilidad social de la Universidad y de mensajes electorales cuyo contenido “propositivo” no pasaba de dar indicación del desastre que supondría la victoria del adversario.
En una organización que no ha tenido un solo debate interno consistente y abierto en sus 22 años de historia, en la que su Plan Estratégico para el periodo 2010-2015 ha sido aprobado con metodologías denegatorias de la participación de los componentes básicos de la Universidad (PAS, PDI y alumnado) es inevitable el estallido desordenado cuando se abre la veda efímera en que algunos se atreven a manifestarse, a abandonar ilusoriamente durante unas semanas el problema central: el miedo. Si debatir y discrepar en libertad fuese lo normal, las campañas quizás podrían estar más a la altura de las innumerables cosas buenas (sobre todo conocimiento, saber compartido) que se generan en esta casa. Pero no ha podido ser, aún no hemos madurado lo suficiente y el espectáculo ha primado sobre los contenidos.
Otro buen ejemplo del querer y no poder: Los debates (dirigidos por supuesto a nichos de voto “menores” en términos de ponderación) pese a ser mejor que nada- es justo reconocerlo- apenas pasaron de ser tres monólogos encorsetados ante una audiencia limitada a oír pasivamente cual programa televisivo en el que sólo ha faltado la cuantificación del “aplausómetro”. En la segunda vuelta ni siquiera hubo debates, sólo un penoso intercambio de acusaciones de que era “el otro” el que no deseaba debatir y una venta de programas “remodelados” que en algunos casos estaban en contradicción con los presentados en la primera vuelta. Esta adaptación a lo que los “clientes” votantes querían oír para votar en consecuencia ha sido otra buena muestra del predominio de una cierta indigencia intelectual.
Las similitudes porcentuales con el proceso vivido hace cuatro años, señalan a un estancamiento y una propensión al inmovilismo preocupante. No sabemos si, en general, la Universidad española (su estructura interna de poder) puede competir en madurez con las mejores universidades del mundo, desde luego la nuestra todavía no.
Pensamos, no obstante, pese a las conductas nada ejemplares en campaña de dirigentes y ex-dirigentes, que esta organización está viva y llena de personas que disfrutan de su buen hacer y que saben y creen que su entorno (laboral, la parte que nos toca) puede y debe ser mejorado y asisten decepcionadas a la penosa imagen que proyectan quienes deberían adoptar posiciones de liderazgo ejemplar y facilitador y tienden a no estar a la altura. El tiempo dirá el resto.



